11 - NovaTec
No era la primera vez que lo amenazaban con desterrarlo o eliminarlo, pero ninguno ultimátum le había importado hasta ahora, era la primera vez que de verdad sentía que el peso de sus acciones recaía en alguien más.
Charlotte no era su primera compañera de folklorismo, pero sí la segunda con la que en verdad empezó a llevarse bien. Sí, a veces era mandona, regañona, y nunca desaprovechaba la oportunidad para reclamarle lo más mínimo, como su gusto por no usar ropa interior.
A pesar de todo, desde hacía un par de años que le había agarrado cariño, así de el enterarse que por su culpa Charlotte había perdido la oportunidad de pertenecer al círculo élite de la Cofradía lo hizo sentir miserable.
¿Qué se suponía que debió haber hecho?, ¿resignarse a ser masacrados mientras esperaban la llegada del equipo de respuesta?
Hacía mucho que Ludo había hecho las paces con la muerte… ¿Pero y Charlotte?
Ludovic soltó un suspiro de frustración mientras sostenía su cara entre las manos.
Pateó la silla que había usado Jolane y esta se estrelló junto a la puerta justo en el momento que volvía a ser abierta.
Una figura algo bajita entró volteando a ver la silla tirada con asombro. Se trataba de un chico de piel pálida; un par de tonos más que Ludo, cabello negro despeinado con varios mechones teñidos de morado, vestía un conjunto clínico azul eléctrico que contrastaba con la vestimenta anticuada y oscura de los galenos, una bata blanca cubría su filipina y en sus solapas colgaban algunos algunos pines de figurillas coloridas como un ramillete de uvas en estilo caricatura. El rasgo que mas destacaba a simple vista era el color carmesí de sus ojos.
—Creo el hambre tiene de mal humor a alguien —dijo después de enderezar la silla y empujarla consigo sobre sus rueditas.
Los hoyuelos de Ludo reaparecieron en el instante en que vio a su amigo.
—¡Doc!, creí que no podrías verme —exclamó con alegría. Brincó a la camilla para sentarse igual que un feliz gato que acaba de ver llegar a su dueño.
—La última vez si no tuve excusa, estuve hasta el cuello de trabajo, pero ahorita me retrasé un poco por una reacción alérgica que tuvo uno de los reclutados —explicó después de dejar sobre la camilla una tabla clínica con pinza y un par de bolígrafos—. Es algo tan raro de ver que a veces olvido que existen personas que su cuerpo no puede asimilar el lirio.
—¿Te refieres al que sacaron en silla de ruedas?
NovaTec asintió y arrastró la silla para sentarse.
—Tuvimos que sedarlo. Empezó a delirar como loco, antes de eso estuvo tosiendo tan fuerte que pensé empezaría a escupir sangre —suspiró—. Apenas se recupere, le administraremos el suero del olvido y lo enviaremos a su casa.
La prueba más importante para un reclutado como folklorista es la prueba de tolerancia al lirio, lo normal es que las personas con gracia reaccionen al estimulo preternatural o que simplemente no reaccionen a él, en cambio, la anafilaxia al lirio es una condición tan rara de ver que por lo mismo está poco documentada.
NovaTec perdió su mirada en un punto vacío del techo y después enredó los dedos en su cabello, soltó un gemido de frustración.
—Cazzo… y aún tengo que resolver lo de los caminos y los videntes —se quejó dejando caer la cabeza en la camilla, justo a un lado de donde estaba sentado Ludo. El roce de su cabello le provocó cosquillas cosquillas en su muslo erizándole los vellos—. El consejo ya me advirtió que sí o sí los caminos deberán habilitarse en cinco días a más tardar, y yo solo quiero dormir al menos cuatro horas seguidas sin tener a los maestres de los demás círculos respirándome en el cuello —ahora ahogó un sollozo y Ludo sintió el calor de su aliento acariciándole la piel. De pronto su erección se sintió aun más dolorosa—. Tengo un videojuego que no he podido avanzar desde hace más de un mes.
Ludo se mantenía inmóvil. Su boca seca y su garganta hecha un nudo. Lanzó varias miradas hacia su suéter que dejó tirado en el suelo, las paletas seguían en la bolsa cangurera. Pensó que sería un buen momento para dárselas y mencionar la enorme bolsa en su habitación, pero no quería moverse y arriesgarse a que NovaTec se alejara. Ludovic sentía que había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron, tampoco estaba seguro de cuánto le tomaría el caso de Zan Mar Tyn, quería aprovechar ese momento tanto como fuera posible.
Después de mucho dudar y de limpiarse el sudor de sus palmas, colocó una mano sobre la cabeza del médico, comenzó a acicalarle el desordenado cabello teñido. El aroma aroma entremezclado de su shampoo de moras, desinfectante hospitalario y el humor de su sudor se elevó hasta su nariz, algunas veces NovaTec olía a sangre y medicamentos, tal como en ese momento, pero para Ludo toda esa mezcolanza sensorial era uno de sus aromas favoritos.
Solo fue un minuto, pero Ludovic lo sintió como un eón fugaz. Recordó aquellos tiempos en los que su amigo aun era un cerbero, solía recostarse en su regazo o sobre sus hombros y espalda cuando regresaba cansado de algún caso con su equipo de catafractos.
NovaTec soltó un bostezo y se levantó antes de tallarse la cara. Al verlo, Ludo pensó que sus ojos vidriosos por la modorra asemejaban un par de cerezas recién sacadas de su almíbar.
—¡Ya! Había olvidado cuando me gustaba que me acariciaras el pelo pero no podemos entretenernos tanto —aseguró dándose golpecitos en sus mejillas—. Tengo junta con Rose en una hora y tú de seguro te mueres de hambre, tu collar no deja de pitar.
El médico avanzó hacia un lavamanos que había en una esquina.
—Me duele de lo dura que la traigo —aseguró, volviendo a acomodarse la ropa interior pues su bata ya parecía tienda de circo—, no sabía si en verdad ibas a poder verme, sabes que no me gusta mucho que alguien más sea el que me revise.
NovaTec deslizó un dedo sobre la pantalla de su reloj y lo acercó a su rostro.
—Ya puedes pasar con el material —dijo sobre su muñeca, al terminar miró a Ludovic con ojos entrecerrados—. ¿Olvidas que tienes celular? Pudiste haberme mandado mensaje.
NovaTec procedió a quitarse la bata lo que hizo que se desprendiera en el aire una estela de su singular aroma. Ludo se mordió los labios y apretó las piernas mientras empezó a balancearse sobre la camilla de enfrente hacia atrás.
—No quería causarte más molestias, ya me ayudaste mucho después del caso del Leviatán.
La mirada de NovaTec se volvió más intensa.
—¡Ma per favore! Odio cuando te victimizas. Obvio que no iba a permitir que te eliminaran, hiciste tu trabajo. Ni siquiera yo sabía que los caminos no se podían abrir cuando una puerta estaba en movimiento —explicó antes de colocar un estetoscopio en la espalda del íncubo—. Lo único que me causa molestia es cuando me dices apodos… como bajito, o doctorcito… —la última palabra la soltó casi en un susurro.
—Pero no son apodos —Ludovic Inclinó su cabeza hacia un lado mientras sonreía sus hoyuelos aun eran visibles bajo su barba.
Se puso de pie pero aun así tuvo que bajar su mirada para poder encontrarse con los orbes rojos del médico, no era demasiado pero la diferencia entre sus alturas era notable. Los ojos de NovaTec quedaban a nivel del cuello de Ludo, la superficie metálica de su collar reflejaba el rojo intenso de sus ojos.
—Eres doctor y eres bajito, así que para mí eres un doctorcito —llevó una de sus manos al cabello teñido de su amigo y lo palmeó, cerró los parpados mientras le seguía acariciando por lo que no previó el golpe en su entrepierna. Apenas y fue un roce, pero por su condición le hizo contorsionarse de dolor.
—Y tú eres un imprudente —NovaTec sacó un otoscopio y sin pausa o miramientos jaló a Ludovic de una de sus orejas, introdujo el aparato en su oído y repitió el proceso en el otro—. Uno setenta está dentro de la altura promedio de un etrusco.
—Cuidado, me vas a arrancar mis arracadas —Ludo se sobó las orejas después de que lo soltara, miró a NovaTec con desconfianza mientras se cubría la ingle con la otra mano—. Tú y Charlotte tienen una afición por dar golpes bajos, ¿acaso no tienen honor?
—Tú no tengas vergüenza —respondió seco.
Alguien tocó la puerta del cubículo. Al abrirse, apareció el rostro chapeado de una joven de cabello rubio y corto.
—Disculpe la tardanza, maestre —la mujer desorbitó los ojos al darse cuenta de su error—. ¡Perdón! ¡Doctor! Traje el material que me pidió.
—Descuida, Jen. Pasa —dijo NovaTec, ayudando a mantener la puerta abierta.
La chica vestía muy diferente a NovaTec, portaba la característica ropa de los galenos: una gruesa túnica negra brillosa que le cubría desde el cuello hasta los pies, guantes negros y sombrero de ala ancha que se quitó apenas cruzó la puerta. Solo le faltaba una máscara de pico largo para completar el atuendo de médico de la plaga.
La chica entró empujando un carrito clínico el cual se veía rebosado de insumos hospitalarios y curiosos aparatos, algunos de ellos tenían un diseño intermedio entre dispositivos de exploración médica y herramientas de ocultismo o astrología medieval.
—Ludovic, te presento a Jennifer, es una alquimista que está por terminar su subespecialización en pseudomedicina, me estará asistiendo en tu revisión de hoy —explicó NovaTec mientras se colocaba unos guantes de nitrilo. Tomó un torniquete con el que rodeó uno de los bíceps de Ludovic haciendo que resaltaran sus venas al poco tiempo.
La chica de mejillas chapeadas inclinó la cabeza en un gesto de presentación, ludo hizo lo mismo sin dejar de fijar su mirada en los finos movimientos de las manos de su amigo, manos que hacía años habían dejado de sostener cuchillos de combate y que ahora se dedicaban solamente a la creación y sanación.
—¿Qué? —preguntó el médico confundido. Limpió el hueco del antebrazo de Ludo con una torunda alcoholada.
—Nada, solo me preguntaba si esas manitas aún tienen la misma puntería de antes —respondió sonriente.
NovaTec lo fulminó con la mirada y le pinchó la vena con la aguja del vacutainer, en vez de líquido rojo los tubos de muestra se llenaron de un espeso líquido tornasol que variaba de colores conforme se movía. Una vez hubo llenado varios tubos NovaTec sacó la aguja y Ludovic dobló el brazo, como ya estaba acostumbrado a hacer.
—Jen, pásame una hoja de bisturí del trece —pidió NovaTec, sin dejar de mirar a Ludo con ojos asesinos.
Confundida pero sin cuestionar, Jennifer sacó un envoltorio, al abrirlo, reveló un pequeño objeto metálico que se veía filoso. Estaba por sacar algo más pero NovaTec la detuvo.
—No ocupo el mango, solo la hoja.
Tomó el objeto entre los dedos índice y medio, justo como si estuviera sosteniendo un naipe. Lo elevó hasta que estuvo en su campo de visión. Señaló hacia un recuadro de color verde que colgaba de una de las paredes, un anunció de salida que mostraba una figura blanca cruzando el umbral de una puerta. Apenas Ludo volteó NovaTec hizo un veloz movimiento de muñeca, en menos de una fracción de segundo la hoja de bisturí se había clavado en medio del círculo que se suponía era la cabeza.
El medicó arqueó las cejas de forma desinteresada a pesar de que Ludo notaba como su amigo hacía el esfuerzo por contener una sonrisa de satisfacción.
—No lo sé… para mí eso se demuestra en campo —el incubo trato de verse poco impresionado, a pesar de que reconocía sus buenas habilidades—, un versus, por ejemplo.
NovaTec arrojó a la basura los guantes usados y le pidió a Jennifer que preparara algunos de los aparatos.
—¿Me estás retando a un versus? —preguntó ahora si con su sonrisa extendida—. ¿Charlotte no te está dando suficiente lata con los entrenamientos?
Jennifer comenzó a pasarle un montón de cables y electrodos
—Es buena, no lo niego —aseguró encogiéndose de hombros—. Pero los entrenamientos que teníamos también eran muy divertidos, tú no te tardabas tanto en darme con tus cuchillos.
—Ya veremos, después de que regreses de Zan Mar Tyn... Ileso, de ser posible.
—No prometo nada.
NovaTec jaló de la bata de Ludo revelando sus pálidos y velludos pectorales. Torció la cabeza y frunció el ceño al ver los piercings de sus pezones.
—Cierto, había olvidado que te puse eso después de que te curé en el barco —afirmó después de pasar largos segundos con su mirada fija en los brillos metalicos que se asomaban debajo de la pelusa oscura.
—Si, gracias de nuevo, apenas y dolió —aseguró con una amplia sonrisa—, bueno... teniendo en cuenta todas las heridas que tenía en ese momento.
NovaTec comenzó a pegar los electrodos en distintas zonas del torso del cerbero, Jennifer extrajo otros cables que terminaron conectados en los laterales del collar de Ludo, la bata terminó cayendo a sus pies lo que hizo que colocara las manos frente a su entrepierna, un gesto que para NovaTec no pasó desapercibido.
—Ya lo he visto, muchas veces. No entiendo por qué tanto pudor —dijo NovaTec antes de comenzar a presionar algunos botones de las máquinas—. ¿O es que intentas quedar bien con Jennifer? Ya te lo he dicho, mis alumnos están fuera de limites, aun y que ellos te lo pidan y consientan. ¿Escuchaste, Jen? —ahora fue su asistente a quien fulminó con la mirada—. Si te coquetea no le sigas la corriente.
La chica miró por el rabillo del ojo y asintió, visiblemente nerviosa. A pesar de que la galena tenía sus ojos fijos en las pantallas sus mejillas aumentaron en sonrojo.
Ludovic también estaba nervioso, después de tantos años y a pesar de sus sentimientos reprimidos creía ya haberse acostumbrado a estar desnudo frente a NovaTec, pero por alguna razón en ese momento se sentía más vulnerable que en cualquier otro momento, tal vez porque imaginó que sería buen momento intentar abrise un poco cuando le diera las paletas, lo cual no llegó a pasar, y además estaban acompañados por alguien más. Vio la oportunidad de distraer su mente cuando divisó un inconfundible recipiente de vidrio en el carrito, uno en el que se alcanzaba a leer: M.A.L.T.E.A.D.A. en un membrete amarillo. Estiró la mano pero antes de que pudiera llegar NovaTec la azotó.
—¡Ouch!
—Todavía no hemos terminado —le regañó sin despegar los ojos de la información que iba apareciendo en las pantallas.
Ludo hizo un mohín cruzándose de brazos.
—Sí doctor… —dijo, arrastrando la última palabra—. No es como si mi pene no estuviera a punto de explotar.
NovaTec se encogió de hombros y torció los labios aun sin abandonar su atención de la computadora.
—Pudiste haber venido desde que empezó a pitar tu collar, o pudiste haberme mandado un mensaje. Vivimos en un castillo enorme bajo tierra, pero a diferencia de ti no es tan difícil encontrarme —aseguró y por fin cruzaron miradas. Señaló hacia la cadera de Ludovic—. Ropa interior, fuera.
El íncubo frunció los labios y miró al techo antes de tomar el elastico de la unica prenda que vestía, al bajar el bóxer hasta sus tobillos sintió el soplo del aire acondicionado acariciarle el trasero. Colocó sus manos de nuevo frente a él en un inútil gesto de protección, tenía manos grandes pero aun así resultaba inútil esconder su erección. Jennifer ya no pudo ignorar su curiosidad, estaba pasmada y NovaTec se dio cuenta, este sonrió divertido.
—Sí, la primera vez que lo ves puede ser un shock, aunque también hay humanos con ese tamaño, y criaturas preternatural claro está, aunque no puedo decir lo mismo de las hadas...
Jennifer le dedicó una mirada de incredulidad y extrañeza que hizo enrojecer a NovaTec como tomate.
Ludo tuvo que apretar sus labios para contener una salvaje sonrisa, creía estar seguro a lo que se refería.
«¿Hubo problemas en la cama, Goodfellow?» se hizo la pregunta en su cabeza, aunque ya habían pasado algunos años desde la ultima vez que llegó a ver a ese molesto príncipe, sobre todo cerca de NovaTec.
—No te desconcentres —regaño NovaTec a Jennifer intentando desviar la atención de su desliz verbal—, recuerda que tienes examen en unos días. Ludo, date la vuelta —ordenó NovaTec con una palmadita en su pectoral que le hizo revolotear el estomago. Este obedeció.
Quedó al costado de un enorme cristal polarizado el cual no mostraba nada detrás, tan solo el reflejo del cubículo. Ludo abrió sus pies a la altura de sus hombros y colocó las manos sobre la pared. Aun se veía el serpentear de los cables que seguían conectados a su cuerpo.
—Tengo una idea —dijo NovaTec después de comenzar a despegar los electrodos—, hagamos un pequeño examen oral —sugirió a Jennifer.
—Oral —susurró Ludo con una risita.
—¿Tienes trece años? —preguntó NovaTec con fastidio—. Ignoralo Jen, a veces se comporta como idiota. Pero dime, ¿qué te parece?, prometo que las preguntas no serán difíciles.
—¿Eh…? —preguntó despegando su mirada del redondo trasero de Ludo—. Ah, sí, claro doctor. Me parece bien.
—¡Excelente! —exclamó NovaTec.
El médico señaló hacia la botella que Ludovic había intentado tomar.
—M.A.L.T.E.A.D.A. ¿Qué es y qué significa el acrónimo?
—Materia Alquímica Latente Transmutada en Esencia Animada por Destilación Arcana. Se trata del medio más común con el que la cofradía alimenta a los cerberos que no son capaces de alimentarse de forma convencional, o porque a causa de su naturaleza necesitan nutrirse de algún componente humano, como es el caso de Ludovic —respondió de forma que parecía haberlo memorizado de un texto.
—Correcto. ¿Y cuál es el activo principal de las malteadas?
—El lirio refinado —respondió de inmediato—. El proceso de producción de las malteadas es algo distinto al del aqua vitae, aqua fortis y el aqua regia ya que a diferencia de estas últimas que son usadas para potenciar a los folkloristas y recuperar su aura, las malteadas son meros sustitutos alimenticios, pero igual necesitan del lirio para producirse.
—Y ahora… ¿qué me puedes decir de este apuesto y desnudo sujeto? —volvió a preguntar NovaTec
«¿Apuesto?, ¿me considera apuesto?» no era la primera vez que su amigo le hacía un cumplido, pero igual no pudo evitar sentir los latidos de su corazón hasta su garganta.
—¿Qué son los onirianos y los íncubos?, ¿qué relación tiene con que Ludo sea tan único entre el resto de cerberos?
—Los… onirianos son los habitantes de Oniria, el plano de los sueños, y los íncubos son una de las razas que habitan ese lugar, seres de naturaleza masculina los cuales se alimentan de la energía que dejan las personas al dormir, en especial después de tener sueños... eróticos. Se ayudan de ilusiones y fantasías para atraer a sus víctimas.
Ludo sonrió, claramente complacido con la descripción.
—No los matan —aseguró la galena—, pero si los pueden debilitar al punto de dejarlos enfermos. —hizo una pausa antes de seguir— En cuanto a la razón que lo hace especial, es porque se trata del único oniriano registrado que ha salido de su plano. Los habitantes de Oniria son seres poco estudiados ya que además de que su plano se encuentra muy alejado del nuestros son seres incapaces de manifestar una forma física.
—Muy bien —aplaudió NovaTec—. También es la razón por la que, a diferencia de otros cerberos, él nos visita con más frecuencia. Debemos asegurar que su cuerpo vehículo siga en buen estado y en sincronía con su forma etérea. Han sido pocos pero la cofradía a contado con algunos otros cerberos que necesitaban de un huésped para caminar entre nosotros. Ludovic al ser el único de su especie desconocemos mucho de su naturaleza, por ejemplo el cómo reacciona su cuerpo a situaciones inusuales como las batallas, la última lo dejó en muy mal estado.
NovaTec se acercó a donde había dejado su bata y rebuscó entre los bolsillos hasta sacar dos paletas de caramelo morado; de otra marca diferente a la que la bolsa que le había comprado Ludo. El médico le quitó el envoltorio a una y se la llevó a la boca, la otra se la extendió a Jennifer quien miró confundida.
—Te la ganaste —aseguró con una sonrisa mientras el palito blanco de su paleta bailaba entre sus labios— y unos puntos extra en el examen, claro.
Jennifer la tomó, aunque en vez de llevarla a su boca prefirió guardarla en un bolsillo.
—Ya para terminar, preparemos la cámara de exploración.
NovaTec se acercó de nuevo a Ludovic quien seguía en su mismo sitio como le ordenó, mientras se arrepentía en silencio de no haber sacado las paletas cuando tuvo la oportunidad.
Jennifer presionó un interruptor que provocó que se encendieran las luces al otro lado del cristal, se reveló una sala más pequeña con las paredes forradas de espejos y en algunas zonas se veían pequeños orificios con lo que parecían ser lentes de cámara.
Ludovic seguía ausente en sus pensamientos, por lo que no percibió a NovaTec acercarse hasta que sintió el roce de sus dedos en su cuello. La voz electrónica de Monad fue lo que al final lo trajo de regreso.
INICIANDO PROTOCOLO DE LIBERACIÓN DEL SELLO DEL CERBERO 03346, LUDOVIC VALMONT.
—¿Me vas a liberar? —cuestionó apartando a NovaTec y alejándose de la pared. Su collar comenzó a pitar de forma constante, igual a como recordaba que había sucedió en el crucero.
—Pues sí —respondió NovaTec con obviedad—. ¿De qué otra manera voy a revisar tu forma etérea?
Mantuvo la mirada en NovaTec por unos instantes hasta que sus neuronas hicieron conexión.
—Claro, por supuesto...
CONFIRME LA AUTORIZACIÓN DEL PROTOCOLO ACERCANDO SU RELOJ DE FOLKLORISMO AL SENSOR EN EL COLLAR.
El collar de Ludo de pronto se sintió menos ceñido. Seguía ahí, pero ahora en vez de verse como gargantilla se había tornado en algo similar a una cadena gruesa.
AUTORIZACIÓN CONFIRMADA. CUSTODIO DEL SELLO, MAESTRE LAZZARO.
—Merda, Monad, que no me digas maestre. ¿Y quién te dio permiso de usar mi nombre?
El aire alrededor de Ludovic empezó a verse y sentirse extraño, como si se densara, doblara y desdoblara, incluso adquiría tonos iridiscentes. El ambiente del cubículo, de pronto, se sentió cargado de estática.
Ludovic siempre disfrutaba de los breves momentos en los que le quitaban el collar ya que no era algo frecuente, pero cuando ocurría era como un ave que estiraba sus alas después de estar enjaulado por tanto tiempo. Pero esta vez le fue difícil ignorar la sensación que le provocaban flashbacks empapados de sangre y viseras pestilentes de los caínes.
En su mente se repitieron las palabras que le dijo Jolan hace unos momentos: “Tiene suerte de seguir caminando con tanta libertad entre nosotros…”
—Ludo, ¿estás listo? —escuchó preguntar a NovaTec. El médico se había movido un par de metros junto a la asistente, se le veía tecleando en una tableta electrónica. Recién Ludovic podía notar que Jennifer le superaba por unos cuantos centímetros lo que lo hizo sonreír—. Después de esto ya podrás tener tu malteada, la hice de tu sabor favorito, plátano.
—Genial. El último que me dieron de chocolate no me gustó para nada —dijo al acercarse a donde estaban.
Jennifer presionó otro botón revelando una puerta corrediza que había estado camuflada entre la textura del muro, la superficie reflectante del otro lado encandiló a Ludo cuando la puerta se cerró a sus espaldas. El íncubo se colocó en el centro del pequeño cuarto e intentó acostumbrarse a la intensa iluminación.
—¿Preparado? —preguntó NovaTec a través de un altavoz.
Ludovic asintió casi de inmediato empezó a sentir como si algo intentara separarlo de su cuerpo. La luz del cuarto disminuyó entre parpadeos; ahora era él quien brillaba de forma holográfica, como si una nebulosa estuviera escapando a través de sus poros y cada orificio de su cuerpo. Sus huesos vibraban de tal forma que se sentía como si estuvieran a punto de romperse.
El collar en su cuello pitó de forma continua antes de desprenderse en varios fragmentos.
LIBERACIÓN DEL SELLO COMPLETADA.


